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Importancia de la calidad de sueño y descanso en casos de lumbalgia

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Pasamos de media un 25% de nuestra vida durmiendo, y el porcentaje se amplía cuando hablamos de descanso. Es por eso que las herramientas que utilizamos para llevar a cabo ese proceso regenerador que es el descanso, sean de la mejor calidad posible. Elegir un buen colchón, conocer técnicas de mejora del descanso o qué rol ocupa el insomnio en referencia al dolor crónico, pueden ayudarnos en gran medida a mejorar la calidad de nuestro descanso y, por tanto, nuestra calidad de vida.

La lumbalgia es el nombre con el que conocemos normalmente a los trastornos relacionados con las vértebras lumbares y las estructuras de los tejidos blandos como músculos, ligamentos, nervios o discos intervertebrales. También conocido como dolor de espalda baja, tiene su origen principal en la degeneración discal y de las articulaciones interapofisarias (facetas) de la columna lumbar desencadenadas por el sobreesfuerzo físico y las malas posturas. Aunque algunas infecciones, lesiones, la osteoporosis o algunos tipos de cáncer también pueden provocarlo.

Un buen descanso es importante para prevenir este tipo de dolencias o, en caso de padecerla, es imprescindible para no empeorar el estado. La ausencia de soporte de un colchón causa una postura deficiente de descanso, tensiona los músculos y no ayuda a mantener la columna vertebral alineada, lo cual contribuye a la lumbalgia pues realmente, nuestra columna vertebral necesita tener la sensación de que se está recuperando durante la noche.

La oferta de colchones en el mercado es amplia y la elección a veces se hace difícil, pero es imprescindible a la hora de elegirlo que éste ayude a dormir sin sentir dolor o rigidez, sobre todo a aquellas personas con problemas lumbares, pues han de sentir comodidad, soporte y les ha de proporcionar un descanso óptimo.

En todo momento sería adecuando encontrar un verdadero equilibrio entre el soporte que nos da el colchón para nuestra espalda y la comodidad en general.

De todas maneras, siempre es la preferencia de cada persona y sus necesidades, ya sean bajo prescripción facultativa como personal, las que deben determinar qué colchón es el mejor. Lo que sí está claro es que si el colchón es viejo, se hunde visiblemente y ya no es cómodo, lo mejor es cambiarlo.